Gana en confianza

Una fuerza que reside en el interior

Antes de hablar acerca de un término tan valioso y trascendental, es importante tener claro qué aspectos entran en juego en lo relativo a la confianza. Podríamos hablar de ella como una fuerza interior que nos impulsa, una actitud interior de seguridad y bienestar con uno mismo.

La importancia de los pensamientos

Para conocerse, aceptarse y por ello ganar en confianza es necesario aprender a pensar racionalmente. El ser humano tiene una tendencia biológica a “pensar irracionalmente”. No obstante si así lo desea tiene la posibilidad de ejercitar la “capacidad de elección” y cambiar las propias creencias trabajando para conseguir una mayor racionalidad.

Las creencias irracionales se expresan en términos de obligación o exigencia. Las emociones negativas asociadas son ansiedad, depresión, cólera, culpa, ira, etc. que provocan una clara interferencia con el establecimiento y consecución de nuevas metas.

Ciertos pensamientos bloquean la consecución de logros y la autorrealización personal. Algunos de estos son:

1. “Tengo que tener la certeza de que todo lo que me proponga o desee saldrá sin apenas existir o surgir ningún inconveniente o contratiempo”

2. “Si fracaso en la consecución de un objetivo me bloquearé enormemente y sufriré mucho”

3. “Si confías en los demás te muestras más vulnerable y por ello tienden a hacerte daño”

4. “Se debe depender de los demás, se necesita tener a alguien más fuerte en quien confiar”.

5. “Para embarcarme en un proyecto necesito la aprobación de todas las personas significativas en mi vida”

6. “La vida, el mundo no es seguro vivimos en un mundo incierto”

7. “Si anteriormente fallé ¿por que va a ser diferente esta vez?”

8. “Las cosas que me ocurrieron en mi historia pasada, son determinantes de mi conducta actual y de mi conducta futura porque siempre y de manera definitiva me influirán”.

Valores y actitudes racionales que ayudan a confiar en uno mismo, en los demás y en la vida:

  • Interés por uno mismo. Aunque el sacrificio y el preocuparse por otras personas sea conveniente y necesario en determinados momentos o situaciones, en general, el interés por uno mismo debe ser superior al interés que se preste a los demás.
  • Interés Social. Como seres sociales, vivimos en comunidad y una parte importante de nuestras gratificaciones se derivan de la interacción social, es necesario actuar moralmente y defender y respetar los derechos de los demás.
  • Autodirección. Las personas sanas suelen asumir la responsabilidad de dirigir y gobernar su propia vida sin “necesitar” constantemente el apoyo de los demás. El responsable último de nuestra vida somos nosotros mismos.
  • Tolerancia a la frustración. Es necesario concederse a uno mismo y a los demás el derecho a equivocarse, evitando condenar y procurando cambiar la manera de vivir las emociones negativas y aceptar lo desagradable de éstas.
  • Compromiso creativo. Las personas tienden a sentirse más sanas cuando se implican vitalmente en algún proyecto ajeno a ellas mismas y asumen algún compromiso humano importante para ellas.
  • Auto-aceptación. La felicidad de estar vivo se refleja en las personas cuya estima y confianza es positiva. Se aceptan a sí mismas y tienen capacidad para divertirse. No hacen valoraciones globales de sí mismos en función de sus logros externos o del juicio de los demás. Eligen aceptarse a sí mismos incondicionalmente.
  • Asumir riesgos. Es importante saber asumir los riesgos que a veces acompañan a la consecución de determinados objetivos a pesar de que, en muchas ocasiones, exista la posibilidad de fallar.
  • No utopismo. Las utopías son, probablemente, inalcanzables y, por tanto, no siempre se obtiene todo lo que se desea ni es posible evitar sentir en algunas ocasiones sufrimiento o dolor.

Detrás de cada error, un aprendizaje

Nuestro mundo actual está lleno de situaciones que generan inseguridad, que ponen a prueba la confianza depositada en uno mismo. Si apostamos por nosotros y las afrontamos con decisión ya tenemos mucho terreno ganado ya que lo que pensamos de nosotros mismos termina por cumplirse. Si poco a poco alcanzamos diferentes objetivos personales, la autoestima se fortalece y el cerebro genera pensamientos del estilo “que bien me siento, lo he conseguido”. En ocasiones para bien no siempre es posible lograr todo lo que nos proponemos, obteniendo el beneficio de aprender de los errores. Por ello, a largo plazo, la experiencia nos va mostrando como tras cada meta inalcanzada reside un mayor conocimiento, una capacidad de tolerar emociones negativas, aprender de éstas y emplearlas a nuestro favor. “El éxito nos da confianza para poner en práctica lo que el fracaso nos enseñó”.

En la sociedad existe una creencia irracional frecuente, tener éxito por que sí, sin esfuerzo. La historia personal de la gente que triunfa está llena de fracasos, son personas que han construido desde la base una confianza.

La desconfianza como coraza

En ocasiones nos protegemos con una coraza por el temor a volver a sufrir. Es necesario mostrarse paciente, hallar el momento de desprenderse de la armadura y estar preparado para confiar de nuevo. Antes de lanzarse de nuevo a vivir diferentes experiencias es necesario darse tiempo para curar las heridas. Ser feliz no presupone la ausencia de dolor o tristeza. Muchas veces el sufrimiento está en nosotros y sólo aparece cuando nos resistimos al dolor, a las emociones negativas. Estas tienen un sentido comprensible, avisan de que algo no va bien. Para superarlas hay que aceptarlas. La confianza en la vida, en los demás y en nosotros mismos viene de la mano de aprender a tolerar, asumir analizar y luego superar las emociones negativas, evitándonos de esta manera un bloqueo personal que interfiera en nuestro bienestar personal. La desconfianza en ocasiones puede tener una función adaptativa ya que confiar sistemáticamente tampoco es posible ni positivo. Para valorarnos y ser valorados es necesario establecer límites, desconfiar si la información que tenemos nos lleva a intuir que no nos sentimos cómodos en ciertas ocasiones o con determinadas personas. También es posible que la desconfianza en un proyecto laboral o personal me informe de que no es el momento para embarcarme en ello o que no se poseen las suficientes habilidades o conocimientos. Tenemos nuestros límites y aceptarlos es aceptarnos como seres humanos con imperfecciones que nos hacen más singulares y genuinos. No lanzarse, sentir una desconfianza inicial permite dosificar la confianza y ser prudentes.

“Corpore sano in mens sana”

En ocasiones nos vemos afectados por diferentes situaciones que si no afrontamos de forma adecuada probablemente nos veremos afectados por diferentes síntomas físicos (ansiedad, dolor de cabeza, dolor de espalda). Cuando interiormente existen situaciones que han dejado huella, situaciones pendientes de superar el cuerpo envía mensajes. Quien no goza de confianza en sí mismo, posterga las decisiones y da largas a los asuntos pendientes mantiene una actitud de parálisis que puede llegar a reflejarse a nivel corporal.

Confiar en la capacidad para afrontar los diferentes problemas no garantiza la ausencia problemas de salud pero si una mayor armonía y comunicación cuerpo-mente.

Abrirse a los demás

El indefenso recién nacido enseguida experimenta que necesita de los otros, de los adultos. De ellos espera todo. Si le dan calor, si le cubren sus necesidades básicas y afectivas, y si le enseñan apoyándolo, el niño crecerá con confianza en sí mismo y en los demás.

La felicidad no está únicamente en nosotros mismos, también está en el darnos a los demás: la generosidad, la amistad, la ayuda al desvalido, el apoyo en los momentos difíciles. El volcarnos hacia los demás es una de las fuentes más preciosas. Para que exista una relación es imprescindible que exista confianza, por lo tanto, en nosotros está el abrigar una buena confianza como punto de arranque y garantía de la buena salud de nuestras relaciones. Esto nos permitirá salir de nosotros, abandonarnos en los otros y mostrar nuestra vulnerabilidad. Un ejercicio necesario para que las relaciones, amorosas, familiares o fraternales sean un verdadero encuentro sereno y cómodo, que posibiliten un enriquecimiento personal. En consecuencia, confiar en nosotros es abrir la puerta para hacer el camino de nuestra vida, y es también la esperanza y la ilusión con la que se mueve una existencia que sabe de su sentido.

– La confianza en la pareja

Para confiar en el amor es necesario que exista una confianza previa hacia uno mismo. Una persona que no se autovalora se esfuerza por llenar su vacío con la valoración de otra. Existe la ilusión generalizada de que la fuente de la intimidad se encuentra en la relación con un otro especial. El camino para llegar a la auténtica fuente de nuestra capacidad para alcanzar la intimidad, no solo en las relaciones amorosas, está vernos merecedores de esa confianza.

– La familia un apoyo esencial

Una persona que no tiene confianza en sí misma, ni en sus propias posibilidades, puede que sea por experiencias que así se lo han hecho sentir o por mensajes trasmitidos por personas importantes en la vida de ésta, que la hacen sentirse inferior. Basta con empezar a investigar de qué manera nos afectaron estas actitudes para comenzar a liberarnos de la carga emocional de estas.

Un buen proyecto de vida

La confianza es una poderosa energía. Se apoya en la esperanza y proporciona seguridad, optimismo, bienestar, alegría. La confianza dota de fortaleza y libertad. Por el contrario, el recelo lleva al temor, al malestar, a la insatisfacción. La duda no nos deja actuar, dificulta que tomemos iniciativas y nos paraliza.

La confianza es la base de diferentes proyectos que iniciamos con intención de superarnos personalmente, mejorar la valía personal y madurar con los años, es el motor que empuja a embarcarse en diferentes proyectos vitales. Como sea nuestra confianza, será nuestra capacidad.

Una experiencia íntima

La capacidad para la verdadera intimidad se basa, por encima de todo, en la confianza en uno mismo y en el valor que tiene como ser humano.

La única forma de desarrollarla consiste en ser absolutamente honrados sobre quienes somos, sin juicios de valor y sin el deseo de cambiarnos para encajar en los ideales de otras personas. Descubrimos la intimidad cuando logramos saber quienes somos y aprendemos a confiar en ello. Esta confianza es una poderosa fuerza dentro de cada ser humano, un sentimiento de un mayor control sobre la propia vida que nos predispone para el afrontamiento de los desafíos de la vida dotándonos de:

1. Capacidad para pensar y afrontar los desafíos básicos de la vida.

2. El sentimiento de ser digno, de merecer, de tener derecho a afirmar necesidades.

3. Crecimiento interior, predisposición hacia el alcance de objetivos cada vez más exigentes que implican una mayor satisfacción personal.

4. Mayor auto-conocimiento, mayor autoestima. La plena aceptación de nuestros defectos y limitaciones, con el sobrio reconocimiento de nuestras aptitudes y destrezas.

– Pasos para lograr autoconfianza:

La confianza puede ser mejorada a lo largo de la vida, especialmente cuando se toma conciencia de uno mismo y se decide cambiar la manera de pensar, sentir y actuar. Cambiar este modelo supone:

1. Conocerse. Conociéndonos nos sentiremos más seguros. Es importante bucear en uno mismo, conocerse genuinamente y de una forma continuada, ya que vamos experimentando cambios. A partir de un diálogo interno con nosotros podemos empezar a mejorar a superarnos a ganar en confianza. Existe una relación muy estrecha entre la conciencia de uno mismo y la autoconfianza.

2. Creer en uno mismo. La confianza en uno mismo está muy ligada a lo que se denomina “autoeficacia”, la propia capacidad de actuar. La autoeficacia no corresponde objetivamente a las capacidades reales, sino más bien a lo que se cree que puede llegar a hacer con ellas. Por sí sola la capacidad no basta para garantizar el desempeño óptimo, sino que también debemos creer en ella para poder sacarle el máximo provecho.

3. Afrontar el cambio gradualmente, en el proceso de cambio de las actitudes y forma de ser, usualmente se van a presentar dificultades que pueden influir en el proyecto personal, es ahí donde será necesario recurrir a la fuerza de voluntad que permitirá perseverar en la conducta hasta lograr el objetivo.

Afrontar los miedos para vencerlos

La confianza se construye poco a poco, sin albergar grandes logros momentáneos. Exponerse gradualmente a los propios miedos e ir aumentando la dificultad de las situaciones temidas conforme ganemos en seguridad nos dará a largo plazo la base para enfrentarnos y superarlos exitosamente. Para ello es necesario seguir unos pasos:

1. Haz una lista de las situaciones que evitas o que te producen malestar (ansiedad, miedo…)

2. Ordénalas por orden de dificultad a la hora de enfrentarte con cada una de ellas.

3. Empieza por la más sencilla y practica.

4. No te desanimes si te sientes ansioso. Es normal que te sientas así si intentas algo nuevo para ti. Estas aprendiendo a dominar la ansiedad en lugar de evitarla.

5. Repítela muchas veces hasta que puedas manejarla sin dificultad.

6. Pasa luego a la siguiente situación.

La confianza, una sólida base para superarse

La condición de seguridad y confianza en sí mismo, solamente puede nacer dentro de la persona, ampliando su equilibrio y fuerza personal. La confianza en uno mismo es una virtud que nos ayuda a enfrentar situaciones difíciles, es la base a partir de la cual nos proponemos metas en nuestra vida. La confianza posee cierta dosis de intuición, intuición de que lo mejor está por llegar… Esta actitud nos sorprende mostrándonos abiertos a lo inesperado, dejando a un lado la rutina que en ocasiones puede ser tediosa. Como resume esta frase de Earl Gray Stevens: “La confianza, como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas la preguntas”.

Libros:

  • Confianza y seguridad en uno mismo. Barbara De Angelis. Ed. Urano.
  • Intimidad: La confianza en uno mismo y en otro. Osho. Ed. Grijalbo

Susana Martínez Lahuerta. Psicóloga.